– Qué cuenta Vasco?
– Lo de siempre, de a uno no’má.
– No habrá un cuento?
– Seguro compañero!!! Un vecino me contó é del viejo Toledo, el primero de los Toldos en el pago. Cuenta que se embarcó en España, en Las Palmas. El padre le dijo, llevás poco. Con menos me van a enterrar, respondió el hijo. Llevaba lo puesto y en el bolsillo unas pocas pesetas y en un trozo de lino un poco de levadura. De esta levadura han comido todos los Toledo, le dijo la madre. Llevás en ella la tierra y el sudor del primer Toledo. Era costumbre en aquellas tierras que cuando un hijo se casaba los padres le entregaban algo de aquella. Así se unía la sangre, el sudor y la tierra de dos estirpes.
El viejo Toledo tuvo, hijos, nietos. Las cosas les fueron yendo bien, compraron pedacitos de tierra que se iban poblando en la medida que la familia crecía. De la vieja levadura que cruzó el mar se desprendieron trozos que bautizaron a los distintos ranchos. Cuando el trozo de levadura de los Toledo se juntaba con el de la otra familia, el viejo les decía a sus hijos, ahora ya tenés todo, novia, rancho y semilla de pan. El viejo miraba cómo había crecido aquella churra vieja y pensaba, lo que sale de un hombre solo!!!
Una mañana vió llegar el Juez de Paz y al Comisario. Le comunicaron a la familia que los niños debían de concurrir a la escuela. Era un Ley!!! El viejo ya no gozaba de los amaneceres con la risa de los nietos. Los gurises salían de los ranchos y se llevaban la mañana con ellos. Todas las familias pasaron por aquello. El viejo sentenciaba, chacra donde entra la escuela se la lleva el diablo. Algunas familias viejas incluso como la gurisada se iba pa’l pueblo. Aquella mañana algo vió que lo asombró, vió a lo lejos venir el carro del panadero. Y esto?, le preguntó a su hijo. Somos menos pa’ trabajar… La mujer está cansada. Pero vas a dejar morir la levadura?, preguntó el anciano. Y… cuando queramos amasar le compramos un poco. A los pocos días desarmaron el horno. Todo comenzó a andar como perdido. Incluso ya no era posible comer toda la familia junta.
El viejo fumaba solo, lejos él’as casas junto a ‘ls parvas. El hijo al verlo pensaba… se nos muere de tristeza el viejo!!! Y a los pocos días el viejo Toledo… se murió no’más!!!
Autor: J. J. Morosolli (1899–1957)
Intérprete: Iñaki



