Cuentos

En un pueblo, ni tan grande, ni tan chico, como tantos en campaña, puedo del que suele decirse “que nunca pasa nada”.
– Qué cuenta Vasco?
La prudencia de Mauro Estomba tenía admirado a todo el mundo.
Nuestras chinas de campo, apenas divisan una visita a lo lejos, rebosan de contentas, y van a mudarse las chancletas y a ponerse una moña en la cabeza.
Lo que más le gustaba a un tal Amiro Rosales, era salir a cazar. Iba siempre con el gurí de los Recalde, Casildito, porque ni perro tenía el hombre.
Montes llegó a la pulpería de Anchorena en su propia carreta.
Nos reunimos en la enramada del boliche e hicimos un fueguito. Un frío de aquellos mire.
Mire, hace unos cuantos años la cosa no venía bien pa’l trabajo en campaña y bajé pa’ la capital.
– Buenas y santas don Daniel. – Buenas Vasquito. ¿Qué nos trae hoy? – Unas relaciones, vió.
Un vecino me contó é del viejo Toledo, el primero de los Toldos en el pago. Cuenta que se embarcó en España, en Las Palmas.
Risulta que andábamos de rueda de mate y caña en la Estancia La Vieja.
Ud. sabe compañero, lo que se gana en el repecho, se pierde en la bajada. Así perdí “tuito” lo que tenía. Un accidente, un incendio en el rancho,