Le voy a contar la historia de un remate. Usted sabe, uno como tantos. Un paisano viejo con la necesidad de rematar sus pertenencias para pagar sus deudas. Hay mucha gente en el remate, “tuitos” vecinos del viejo. Muchos que lo llaman “el abuelo”. Recostado en el “palenque” los observa tristón el abuelo. Han ido a comprar barato cosas que no tienen precio. Y piensa con amargura, ya no da criollos el tiempo.
Qué vale este par de botas? Las rodajas son como dos lagrimones que lloran por su dueño. Con ellas se largó a ganar hace muchos años, su novia en un “bagual” blanco, la vida en uno negro. Doy 10, 15, 20 pesos! Al escucharlos se pone rojo de vergüenza el cielo. Son suyas las “nazarenas”, dice a uno el martillero. El viejo piensa con amargura, “ya no da criollos el tiempo”. Sacan a la venta un poncho “andé” garuan los flecos. Tiene la boca surcida, y lo gastó tanto el tiempo que a través del “calamaco” se ve la historia del dueño. “Guampas, chuzas y facones lo cribaron de agujeros”. Pero su filosofía siempre fue puso un remiendo. De diana con celeste, de noche con un lucero. Subo una onza la apuesta. Si no hay quien dé más, lo quemo. Cae entonces el martillo en lo duro del silencio.
Un mozo se lleva el poncho, y allí cerca el gaucho viejo está temblando de frío en una tarde de enero. Y piensa con amargura, “ya no da criollos el tiempo”. Así pierde en la bajada lo que ganó en el repecho. Una a una las ovejas, pilcha por pilcha el apero. Quisiera salvar del lote el “macarrón azulejo”, pa’ que lo agarre la noche en un caballo “estrellero”. No tiene más que uno y ése, se lo quema el martillero.
Allí termina el remate. Cobró su cuenta el “pulpero”. “Aura sí”! Al viejo solo de pie, tan amargo, son cuatro “piladores” que están esperando al viejo que en cuanto quiera salir, lo van a dar contra el suelo. Entonces aquellos mozos se acercan a defenderlo. El más “ladino entre temblón y risueño” le dice, “todos compramos sus “pilchas pa’” salvárselas abuelo. Aquí tiene, sus espuelas, su “azulejo””. Otro le trae en brazos igual que a un niño el “apero”. Otro le entibia las manos con aquél poncho de flecos. Uno que no compró nada le “estampa” en la frente un beso. Porque compañero, sigue dando criollos, muy buenos criollos el tiempo!



