—Cómo anda compañero. Hoy le traigo una historia que dicen pasó en Durazno, décima segunda “Sesión” Judicial, paraje Caballero, allá por el año 1900. Sobre una mesa debajo de un árbol, una “taba”. Los vecinos cuentan que “Mandinga” fue quien puso su cola para hechizarla. Allí “meso” por el odio y el despecho de un estanciero porque un brasilero, buenazo pa’ la taba, le ganó lo que quiso hasta de ojos cerrados. El hombre era domador, “timbero”, bueno pa’ los tragos, “bravucón pa’l cuchillo” y “ágil pa’l contrabando”. Cayó la tarde y el “bayano” venía ganando. Le jogó la estancia, dijo el brasilero. Como la apuesta fue aceptada, el brasilero le dió ventaja, y dijo que lanzaría de ojos cerrados. Una moza se los tapó con un pañuelo. Tiró el patrón y “tiró a tierra su pretensión”. Entonces, “el brasilero, cachador hasta el coraje” tiró con los ojos vendados y “clavó suerte”. Un silencio de muerte, el patrón se lanzó contra el desarmado. Nadie sabe si fue el mismísimo diablo o el alma del “finado”, que el maleficio se mantiene. Aunque la saquen, la taba vuelve al mismo lugar. Cosa de “Mandinga vió?” El patrón mandó varias veces a los “piones” que la tiraran lejos de la estancia. Pero siempre, siempre, reaparecía sobre la mesa. Pensando que era engañado por lo “jinjiao”, el patrón mismo guardó la “taba” en un cajón bajo llave. Al otro día comprobó que el candado se mantenía cerrado. “Mandinga” se había llevado la “taba!!!” Dicen que montó a caballo y “como alma en pena se mandó a mudar de la estancia.” Cuentan que lo encontraron en Paso Caballero colgado de un árbol ya sin vida frente a la “taba” sobre la mesa.
Interpretación: Iñaki



