- ¿Cómo anda ‘gurisada’?
- ¿Cómo anda Don Vasco?
- Lindo. Y Ud.?
- Con ganas de escuchar un cuento.
- Pida no’ má’
- Me gustaría un cuento de mentirosos
- Mire Don Daniel, cuento de mentirosos, cuento de pescadores. Sabe, el único animal que sigue creciendo después de muerto es el pescado.
- Y cómo éso?
- Pero seguro compañero. Cuando el pescador cuenta cómo lo pescó, el animal va creciendo y al final el pescado crece treinta años. Pero dejémoslo, dejemos a los pescados tranquilos. Vayamos a lo nuestro. Mire, hace unos años anduve como alambrador en la Estancia La Vieja. Ya había estado en aquella Estancia. Conocía a la “pionada” y quería mucho aquel lugar.
- Se puede saber porqué Vasquito.
- Mire, no sé si Ud. sabe, a los lugares los hacen las personas y aquella “gurisada” era de primera. Buenos pa’ los cuentos y la “guayaba”. El mejor de todos, Don Brígido, no había como él pa’ los cuentos. Tambié n hab ían otros buenazos, el Macario, el Eustaquio, el Callao Giménez y aquella noche estaban el correo del pago, Don Leandro Silva y los milicos, Muñiz y el “suficial” González que estaban de recorrida y todos ellos habían cenado en la Estancia. Conocidos también de la “pionada” así que también se arrimaron al último fogón y se metieron al cuento, cuando ya todos habíamos “largado el caballo”.
- El más jovencito de la “pionada”, empapado desde la cabeza hasta “los bigotes de las alpargatas”. “Tuito” el día “aporreando porotos” con “un calor que rompía las piedras”. Don Brígido lo recibe y le pregunta, ¿estaba lindo el río? Lindazo, y no sabe cómo estaba para la pesca. Diga que no llevé la “lineada” sino hasta capaz que me traigo una tararira como la última vez. Grande el animal? Metro y medio, cinco quilos. Y cuándo fue? Habrá sido unos dos o tres semanas atrás. Uds. habían ido a unas carreras cuadreras en el Bajo de la Petisa y con estos días de calor tuve que regalarlo enseguida. Se hizo un silencio que se cortaba a punta de facón. Es que decir tamaña mentira en presencia de Don Brígido era como sacarse la crías a un halcón. El Macario, conocedor del paño, va y le pregunta: Don Brígido, alguna vez sacó una tararira como la que cuenta el “guri”? Más o menos, pero “ahura” que el “guri” contó un cuento de pescadores, ahí le va otro. Hace un par de meses me fuí solo de pesca a la orilla del río. Llegué de tardecita, prendí el farolito y lo colgué en una rama de un sauce pa’ iluminar la costa. Armé campamento e hice el fuego. “Encarné el aparejo”, lo “revolié” un par de veces y lancé. Mire, con tanta mala suerte que en la última vueltita enganché al farolito.
- Se quedó a oscuras Don Brígido.
- Que va. Todos Uds. saben lo rápido que soy para recoger, así que saqué el farolito encendido y todo.
“Ahura” sí que se pasó, mire que sacar el farolito encendido de adentro del agua!!! Don Brígido le contestó algo enojado: mirá “guri” si vas y le sacas unos quilos y unos cuantos centímetros a la tararira, yo voy y te saco el farolito apagado del río. Hasta más ver “gurisada”, hasta más ver.
Interpretación: Iñaki



