#Relato 4

Cuentero

Cuento: El Tipo

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Vasco, me imagino que en sus andares por campaña ha conocido muchos pueblos, muchos personajes de pueblo.

– Ehhh, ni que hablar compañero. Hoy le voy a hablar de un personaje el «tipo» che.

– Pero tenía nombre, no?

– Tenía nombre pero nadie lo sabía. Se habían acostumbrado a llamarlo «el tipo» y era «el tipo no’ má»

«Resulta que el tipo» era un hombre «desconfiado». Andaba por la vida sin confiar en la gente. El, si no veía no creía. Eso sí, sí le preguntaban cómo le iba, él contestaba siempre «las cosas me van rodando bien».  Parecía como si anduviese por la vida pateando barriles, vió?

Estaba casado con la Pocha y tenían un «gurisito» en edad escolar, el Pochito.

La Pocha, buena mujer,  pero muy testaruda. Cuando se le metía una cosa en la cabeza no había cristo que se la sacara. Por aquellos años tenía en la cabeza que quería una heladera.  Un día vá y le dice «al tipo», «mirá, si las cosas te están rodando tan bien es hora de comprar una heladera».

El hombre sabía que tarde o temprano la heladera iba a estar en la casa. Sin perder tiempo agarró «el morrito» y se fué pa’l  boliche de ramos generales. Le contó la situación que tenía en el rancho y el bolichero le dice, » mirá, si querés la heladera la tenés la semana próxima. Por la plata no te hagas problema, nos vamos a poner de acuerdo, incluso de como pagarla».

Así que a la semana siguiente «el tipo» estaba con su carreta en el boliche. Mandó la vuelta pa’ los parroquianos que le dieron una mano pa’ subir la heladera al carro.

Cuando estaba encima del carro el bolichero va y le dice: «Cuando habras la heladera se va a prender adentro una lucecita. No te hagas problema, cuando la cierres se apaga»

Y así «el tipo» se fué pa’ l rancho. 

La Pocha y el Pochito andaban en la escuela charlando con la maestra, así que se las arregló solo para bajarla del carro. La puso en el rincón que le había señalado la Pocha y la enchufó 

Como podrá imaginarse, comenzó a abrir y cerrar la puerta de la heladera. Pa ver si era cierto lo que le había dicho el bolichero que al abrir la puerta la lucesita se prendía y al cerrarla se apagaba.

Así estuvo un buen rato. Estando en ésas llegan la Pocha y el Pochito. El salto de aquellos cristianos, el salto de alegría cuando vieron la heladera. El Pochito corrió, se prendió a la manija de la heladera y cuando se abrió quedaron de boca abierta.

Ahí estaba todo arrollado «el tipo»», azulado, congelado, había querido saber si la lucecita se había apagado.

Mire compañero, no se puede andar por la vida desconfiando de la gente, no sea cosa que termine congelado como «el tipo» dentro de la heladera.

Inspiración: J.M. Obaldia.

Autor: Iñaki